Mirada crítica


Periodismo cultural: minotauro de la prensa venezolana

Una realidad eufemistica vive (hoy) el llamado periodismo cultural en venezuela y es justo decirlo en gran parte del planeta, la conceptualizacion de la cultura cada dia es más y más variopinta, la circunscrita al menos en los medios de informacion masivos, es la retorica vida de los famosos lo que más se consume en las llamadas páginas culturales, ¿seguro qué estamos hablando de cultura? Bueno la verdad me cuesta mucho pensar que los problemas de alcoholismo de britney spear, Rambo 5, las promesas de matrimonio de Paris Hilton, sean los productos culturales de mayor importancia dentro de las sociedades, muy a pesar de la globalización y homogenización de la mirada hacia lo cultural… a partir de tal realidad, cabe recordar que no hay libro de poemas u obra de arte que pueda competir comercial y publicitariamente con una película de Brad Pitt, autores como Cortazar, Joyce o Borges encontrarían hoy incontables problemas para poder publicar sus libros y peor aún espacio en los medios para difundirlos…

La poesía, la novela, el teatro, incluso el arte subsisten en los márgenes márgenes minúsculos que dejan la publicidad y los enlatados que publican los periódicos nacionales


martes, 9 de agosto de 2011

¡Que vaina con la postmodernidad!

Hay términos, palabras, conceptos, paradigmas, sistemas socioeconómicos que son tan utilizados, tan lugar común, que yo no sé… por los medios, los catedráticos, políticos y todos aquellos que ostentan una cuota de poder o tienen acceso a la población, presentan estos términos como la panacea a todos nuestros males, pero lo cierto es, que suenan tan distante de lo que día a día veo en las calles, de lo que a diario padecemos los seres comunes y corrientes (normales) que lo único que cabe preguntar y supongo que no sólo me lo pregunto yo, ¡de qué carajo hablan estos tipos!
Uno de estos términos en cuestión es la postmodernidad, y se le pueden acuñar diferentes acepciones o términos o que es un movimiento que se contrapone a los discursos y prácticas de la modernidad, en fin, podemos encontrar una innumerable cantidad de definiciones, vaya usted a saber a que conclusión llevaría tal búsqueda.
En días recientes me tocó vivir un suceso que hasta entonces estaba relegado (al menos para mí) a las páginas de sucesos de los diarios y a los noticiarios, es lo que se conoce por sicariato, o como suele decirse ahora ajuste de cuentas, eso presumo por cómo se dieron los acontecimientos. Con este hecho me puse a pensar y a reflexionar sobre lo que he estudiado, lo leído en la universidad y en los libros, cada vez me convenzo más que los preceptos que se inventa el hombre son para justificar y tratar de ocultar este canibalismo social que nos embarga en estos tiempos postmodernos.
Volviendo al tema del asesinato que justamente sucedió por mi casa y que conmocionó sin duda a todo el sector, me vino a la mente el referido termino (postmodernidad), el cual concibo tan vacio y abstracto; cuando consigo las enormes diferencias entre ese mundo real y ese mundo ideal, entre el país que tenemos y el que deseamos tener, en las brechas sociales y las oportunidades que cada quien tiene en el transcurso de su vida para en definitiva revertir las distancias sociales, económicas, en suma, culturales. Cada vez que leo en los diarios, “Muerto joven para despojarlo de su teléfono”, “Hombre celoso mató a su mujer y se suicidó”, “Capturado policía que formaba parte de una banda de extorsionadores”, “Político es condenado por corrupto”,(disculpen este titular, ya quisiera yo que esto pasara) “Conflicto en medio oriente deja cien muertos”, “Desnutrición golpea a países del tercer mundo y en Milán preocupados por altos índices de anorexia de las modelos”, en fin, la cultura de la bala, la cultura de la violencia, de la banalización de todo lo que sucede, pero tranquilos que no hay por qué preocuparse, -el partido del domingo lo gana el barca y Messi marca cuatro goles-, ,esto sí es realmente importante y así se nos va diluyendo la vida, así pasa el tiempo de banalidad en banalidad, nos preocupa como saldrá vestida Leidy Gaga en los próximos premios o el siguiente beso lésbico de las artistas pop, con tanta superficialidad y dejadez incrustada en los cimientos de la sociedad, me digo que postmodernos somos.
Pareciera que estamos en una huelga de parpados caído, como lo dice un poema de Lydda Franco Farías, cerramos los ojos ante lo obvio, lo obvio es, la crisis de valores, el culto por lo tecnológico, el consumismo, la interpersonalidad comunicacional que cede terreno en el plano real, el individualismo, y un sinfín de menudencias y digo menudencias porque ya se han escrito y escrito hasta la saciedad que debería ser agua pasada, pero no, es entonces cuando cuesta trabajo pensar en rupturas con modelos anteriores cuando seguimos padeciendo de los mismos males del pasado, sin ir muy lejos tenemos tratados internacionales antibelicistas, de no agresión muy postmodernos y nos matamos todos los fines de semana en las calles unos con otros.
La verdad mis amigos y amigas que tanta postmodernidad nos tiene loco, este asesinato es sólo una minúscula parte de lo que sucede a diario, lo refiero por haberlo vivido tan de cerca y como argumento para esgrimir esta preocupación (el deterioro social que nos sentencia a vivir con miedo), el hecho de que etiquetamos todo, tendencias artísticas, movimientos sociales, manifestaciones culturales, pero en el fondo seguimos padeciendo de lo mismo, sigue reinando la mezquindad, el abuso de poder, la manipulación, la estreches de corazón como dice la canción.
… en fin, los efectos de poner en práctica los cánones postmodernos son muchos, las soluciones claro que las hay, son numerosas y muy efectivas pero necesitan de un colectivo dispuesto a revertir el caos que impera, un entramado social que deje de creer en los mecías prefabricados y desechables de paso, en estos héroes postmodernos que siempre nos dicen que van hacer pero nunca como lo van hacer, simplemente no tienen idea y si la tienen no les interesa, el cambio o la llegada a un plano o sistema social diferente debe llegar del consenso, de la generación de ideas,de aplicar la piramide invertida, que el colectivo pueda realmente empoderarse de su destido, no de uno de estos superhéroe postmoderno.

sábado, 30 de julio de 2011

Un ejemplo llamado vinotinto

Pocas veces un grupo de hombres de uniforme pueden dar tanta alegría a un pueblo ¡claro! Esto sólo lo consiguen los de indumentaria deportiva, que con el fragor de la contienda competitiva tienen la maravillosa oportunidad de juntar en una causa, a ricos, pobres, blancos, negros, izquierdos, derechos, soñadores, realistas, en fin, todos los que históricamente no han podido y en algunos por no decir en todos, no han sabido ponerse de acuerdo.
En el caso de Venezuela, no es la excepción, aunque somos una sociedad donde siempre nos tocó celebrar por lo ajeno, donde lo nuestro tiene una valoración secundaria, donde en lo futbolístico “casi” todos tenemos pasaporte brasileño, donde sin ningún nexo (la mayoría) con la Europa del renacimiento, vitoreamos, triunfos italianos, franceses, españoles, y españoles no por su pasado colonizador, simplemente porque ganan, ciertamente triunfo es triunfo no importa la ubicación geográfica y como es bien sabido el venezolano es pachanguero y cualquier excusa es buena.
Pero llegan esos momentos donde la venezolanidad se pone a prueba, donde decir soy venezolano, no sea entre dientes. Llegó otra copa América, una oportunidad más que concreta para ver de que somos capaces, no solamente los que están en el terreno de juego, sino que toda la sociedad se la juega o al menos eso creemos algunos, pero el fantasma de la duda, de la incredulidad está latente, hacemos apología a la derrota, pero como no hacerlo dirán unos, “si jugamos como nunca y perdimos como siempre” esta es una frase más que extendida en el glosario del venezolano.
Esta copa América en particular lucia cuesta arriba, primer partido contra la poderosa Brasil las voces en la calle ya daban su dictamen “nos van pasar por encima” ante tanto escepticismo era difícil creer, soñar era la orden del día, así llegó el milagro el pequeño David vinotinto frenó al Goliat carioca, pero seguía la poca fe, seguía la desconfianza sobre todo de parte de los verde amárelos venezolanos, que vieron con frustración como la selección de su país les aguaba la samba, segundo raund se le gana a Ecuador y sonaron las alarmas, “ve la vinotinto gano” se decían aquellos de la poca esperanza, de esa forma comenzaron a cambiar de parecer, de a poco comenzó lo que parecía improbable, la gente volcada celebrando un triunfo propio.
Comenzó algo que nos ha costado sudor y lagrima como dicen por allí, CREER. Ese grupo de jugadores empezaron a sacar del letargo a la gente, el sueño se podía palpar, el sueño tenia resultados eran color vino, las calles, las casas, los sitios nocturnos se convirtieron en los bastiones de ese ejemplo llamado vinotinto.
Las divisiones, las diferencias sociopolíticas dejaron de existir al menos por noventa minutos, todo esto gracias al idioma del futbol, el país real y el país ideal parecía fundirse en uno, al menos el que suscribe estas líneas así lo pudo palpar y es que esta copa América nos dejó algo que probablemente pocos pensábamos, un sólo país, un país que pudo olvidar el alto costo de la vida, la diatriba política de la Asamblea Nacional, se olvidó de la violencia e inseguridad que nos azota como sociedad.
En fin, de esta brecha, de esta polarización que se inocula en el venezolano desde hace muchos años, después de esta embriaguez futbolera me queda una duda tendremos que esperar otra copa América para creer en que podemos cambiar como sociedad, que las herramientas para la transformación no sólo se encuentran en los extremos, tenemos la grande responsabilidad todos juntos de hilvanar una jugada que nos conduzca al gol del equilibrio social.
Gracias a la selección nacional de fútbol por obsequiarnos esta lección de unión, por esta enseñanza que nos deja el balón de nuestro lado de la cancha para poder revertir las dificultades que no nos permite de una vez por todas pasar del país real al ideal.